Precalentar el horno a 170ºC.
Agregar a una bandeja con papel para hornear las almendras, y tostarlas en el horno por 7 minutos a 170ºC, cuidando que no se quemen. Sacarlas del horno, picarlas y dejarlas enfriar completamente.
Agregar a un bowl grande la harina, polvos de hornear, sal, azúcar blanca, azúcar rubia, semillas de anís y mezclar bien.
En un bowl aparte, batir ligeramente los huevos junto con la yema, y agregar el aceite de oliva, extracto de vainilla, jugo y ralladura de naranja y batir sólo hasta integrar.
Agregar la mezcla con los huevos y las almendras picadas al bowl con los ingredientes secos y mezclar con una espátula de silicona. Puedes terminar de integrar bien usando las manos. Al principio parecerá que la mezcla es seca, pero al terminar de integrar quedará una mezcla muy húmeda y pegajosa (está bien que sea así).
Preparar una bandeja con un mat de silicona o con papel para hornear. Dividir la mezcla en dos y formar dos rollos largos, lo más separados posibles entre ellos. Puedes terminar de formarlos usando tus manos ligeramente aceitadas. Llevar al refrigerador por 20 minutos.
Pasados los 20 minutos, de ser necesario, ajustar la forma de los rollitos con manos aceitadas (es normal que se esparzan un poco) y hornear a 170ºC por 30 minutos, o hasta que se vean ligeramente dorados y craquelados.
Sacar del horno y dejar enfriar completamente sobre una rejilla.
Una vez que los estén completamente fríos, con un cuchillo para pan (aserrado), cortar rebanadas de 1 cm de ancho en un ligero ángulo. Es muy importante que estén completamente fríos ya que de contrario se desmigajarán.
Distribuir los biscotti cortados sobre una bandeja de horno y volver a llevar al horno a 170ºC por 10 minutos. Pasados los 10 minutos, sacar la bandeja del horno, dar vuelta todos los biscotti y volver a llevar al horno por 10 minutos.
Dejar enfriar completamente sobre una rejilla.
Servir fríos, idealmente acompañados de un café. Untados en el café quedan exquisitos.